Apostamos a construir un espacio
político académico autónomo, inscripto en la tradición reformista y en la
historia de las asambleas inter-claustros en defensa de la normalización y
autonomía de la UADER.
Las primeras elecciones en nuestra
Universidad y la perspectiva concreta de la normalización durante este año, nos
plantea un momento fundacional donde la comunidad universitaria tendrá la
oportunidad de darse sus propias reglas de juego. Un momento donde todos
definiremos si vamos a construir una verdadera Universidad, autónoma y
democrática, o simplemente replicaremos estructuras con escasa densidad
deliberativa, donde las decisiones que nos atañen a todos sean producto de un
pequeño y privilegiado grupo de actores.
Queremos aportar a edificar una institucionalidad
participativa, a partir de la democratización de todos los claustros,
particularmente el docente, sosteniendo el principio reformista de un
cogobierno igualitario. Por ello convocamos a todos quienes se sientan
interesados y comprometidos con una universidad pública profundamente
democrática y autónoma de intereses sectoriales, partidarios o gubernamentales.
A continuación nos explayamos sobre
los principios que nos unen y las propuestas que hemos debatido y comienzan a
generarse para nuestra Facultad, entre quienes participaron de las reuniones
abiertas y públicas llevadas adelante en dos oportunidades (miércoles 29 de
agosto y miércoles 5 de septiembre en la Escuela de Artes). Pensamos que son
muchos los temas que restan debatir, evaluar y analizar en profundidad, éste es
un primer borrador que pretende recoger esta experiencia deliberativa y
democrática de construcción política, para que circulen nuestras ideas y se
multipliquen las opiniones de todos.
Creemos que el futuro de la UADER y de
nuestra Facultad nos involucra a todos desde distintos lugares, más allá de
quienes oportunamente puedan ser propuestos como candidatos a consejeros en las
próximas elecciones y a los que elegiremos en una asamblea convocada para ese
fin específico. Esperamos que la futura lista represente fielmente esta
aspiración y que todos podamos participar activamente en su definición. Para
ello entendemos que es necesario comenzar por el debate de ideas y propuestas y
no por la proclama de nombres o personalidades.
Sinceramente pensamos que las formas
de construcción dicen mucho del contenido de las propuestas políticas y, por
ello, elegimos comenzar a constituir este espacio democráticamente, deseosos de
que sean cada vez más las voces que tengan oportunidad de expresarse. Queremos
proponer un debate amplio, debatir las diferencias políticas sin
personalizaciones, incluir a partir de los consensos, trabajar sobre las
diferencias sin ignorarlas ni minimizarlas.
1. Inscribimos nuestra propuesta en aquellas tradiciones
universitarias que hacen de la autonomía y el cogobierno los pilares
fundamentales de la universidad pública.
A la autonomía la entendemos no como un privilegio sino – como lo
expresara Risieri Frondizi – como un derecho que crea una obligación: “ponerse
al servicio de los intereses permanentes de la Nación y realizar las tareas que
justifiquen su mantenimiento.” Porque, como él, entendemos que “si se utiliza
su autonomía para satisfacer mezquinas vanidades intelectuales o se pierde
tiempo en disputas y conflictos interminables que desangran a la institución y
le impiden cumplir con sus misiones específicas, la universidad no merece
autonomía. De ahí que no se la defienda tan sólo cuando se lucha contra el
reaccionarismo; se la defiende en igual medida en las aulas, laboratorios y
bibliotecas, en el esfuerzo cotidiano que permite formar profesionales capaces
de solucionar los graves males que padece el país. La autonomía y la
responsabilidad están íntimamente unidas pues representan las dos caras de la
libertad. La autonomía es la libertad negativa -libre de injerencias extrañas-;
la responsabilidad la libertad positiva: libre para realizar una tarea. No
tiene sentido reclamar la primera sin la segunda. Una institución no puede
pretender libertad para no hacer nada, para dejar de cumplir con su deber.”[i]
2. El derecho de los universitarios a darnos nuestras propias normas
sólo puede sostenerse con el ejercicio de la libertad y la democracia
universitaria.[ii]
Como lo expresara Gabriel Del Mazo, si la universidad es una
República de estudiantes, el cogobierno debería instituirse como un principio
ineludible en el que todos los ciudadanos universitarios compartamos el derecho
y la responsabilidad de decidir sobre los propósitos y los contenidos de las
políticas de formación, investigación y extensión.
El demos universitario está formado
por los estudiantes; los estudiantes somos, para Del Mazo, todos aquellos que
hacemos vida universitaria: “…alumno, profesor o egresado y que, dentro de la
universidad amplia y abierta, rehace una labor productiva y fecunda -no
parasitaria y estéril- cualquiera sea el orden de actividad a que se dedique,
repito, ya sea docente o creadora, ya se trate de un profesor o un alumno, o ya
de un egresado en el trabajo de los laboratorios o de los seminarios.
Es decir: todo aquél que sea un obrero de la universidad y como
consecuencia, todo aquél que sea un obrero de la comunidad social”.[iii]
Suscribimos esta tradición pensando que una de las primeras tareas
de la próxima Asamblea Universitaria será la de darnos un nuevo Estatuto, en el
cual se debería contemplar, entre sus principios: plena ciudadanía para todos,
claustro único docente, elección directa del Rector y los Decanos, representación
igualitaria, revocatoria de mandato, presupuesto participativo, entre otras
reformas que ponderen y posibiliten la plena democracia y la autonomía
universitaria.
3. Finalmente, consideramos que tanto la autonomía como el
co-gobierno[iv] definen y dan sustento a la responsabilidad
social de formarnos en una actitud crítica frente a las ideas y creencias de
nuestra época – dice Risieri Fondizi–, así como a una ética de servicio con
efectiva vocación popular – agrega Del Mazo. Por ello creemos que a la defensa
del carácter público y gratuito de la Universidad se añade la puesta en marcha
de políticas activas que garanticen el derecho a la mejor educación, capaz de
responder a los sueños de mayor justicia para nuestro país y nuestra región.
Seguidamente, intentamos traducir los principios que nos convocan
en una propuesta para nuestra Facultad, en la que recogemos los debates y las
ideas entre quienes hemos participado en las distintas reuniones del espacio.
EN NUESTRA FACULTAD:
La autonomía como aquel derecho que crea una obligación
Nuestra Facultad cuenta con una fuerte
presencia de carreras de Formación docente y Licenciaturas, además de escuelas
de nivel primario y secundario.
Considerando la pluralidad de carreras que en ella se cursan y su
dispersión por distintos puntos de la provincia, ocupa un rol fundamental en el
sistema educativo entrerriano como Institución encargada de la formación de la
mayoría de los docentes de todos los niveles (inicial, primario, especial,
secundario, terciario y universitario) en Entre Ríos. Por ello, el carácter autónomo
que reivindicamos implica, en ese sentido, asumir nuestra responsabilidad como
docentes que formamos a su vez nuevos docentes y, por ello, creemos
imprescindible propiciar un serio debate en torno a los saberes que resultan
necesarios en la formación de grado de los maestros de nuestro tiempo, al
vínculo entre la universidad y los demás niveles educativos, a la relación del
graduado con la universidad, en el marco de las características contextuales de
nuestra región, sus problemáticas sociales, políticas y económicas, de las
cuales no podemos permanecer ajenos como institución educativa.
Por otra parte, la Facultad - con influencia en una región muy
vasta que se extiende más allá de los límites de Entre Ríos y Santa Fe - se
erige en el seno de una Universidad pública y provincial, cuya breve pero
dinámica historia nos permite señalar, entre otros aspectos, el predominio de
una población estudiantil proveniente de sectores populares y medios, urbanos y
rurales. La UADER ha significado la oportunidad de acceso a la Universidad a
innumerables estudiantes cuyos padres trabajadores se ven imposibilitados de
costear sus estudios en otros centros urbanos más alejados o en instituciones
privadas. Con mayor razón, entonces, nuestra autonomía debe traducirse también
en producción de conocimiento crítico que exprese, al mismo tiempo, un
indispensable compromiso con la realidad social de la región.
Asimismo, la autonomía sólo es posible si funcionan las instancias
colegiadas de deliberación y decisión política en la Facultad; esto es, los
Consejos de Carreras y el Consejo Directivo. Nosotros proponemos fortalecer
esos ámbitos de cogobierno, contra un modelo de “gestión” o “gerenciamiento” centrado
en el poder del Decanato y sus Secretarías, en el que el Consejo es un mero
órgano “ejecutor” o una “escribanía” de aquello que definen o diseñan
discrecionalmente los funcionarios. Las diferentes líneas de Investigación, las
políticas de Extensión y de Formación, en términos generales, la política
académica de la Facultad debe ser discutida y decidida en el Consejo Directivo,
como máximo órgano público de Cogobierno.
Al mismo tiempo, creemos, es necesario
establecer pautas de funcionamiento y coordinación entre los Consejos de
Carreras y el Consejo Directivo de modo que el trabajo resulte más fructífero
y, a la vez, se eviten muchas situaciones de arbitrariedad que puedan ocurrir
en cualquiera de estos dos espacios: las decisiones del Consejo Directivo deben
contemplar las informaciones y opiniones que emanen desde los consejos de
Carreras; del mismo modo, los diferentes claustros deben también contar con el
Consejo Directivo, como máximo órgano de cogobierno, como la instancia última
de apelación en los casos de conflictos (por ejemplo, impugnación de concursos
interinos, creación de cátedras paralelas, etc.).
Por esa razón, proponemos establecer periódicamente reuniones
ampliadas del Consejo Directivo con la participación de representantes de los
diferentes Consejos de Carrera e Informes anuales elevados desde cada Carrera
hacia el máximo órgano de gobierno de la facultad.
Sostenemos que tramitar nuestras diferencias democráticamente en
una institución autónoma y cogobernada presupone: propiciar el debate genuino
entre todos los actores involucrados, generando instancias donde puedan
expresarse las diferentes voces que, en definitiva, tendrán la responsabilidad
de construir consensos sobre las políticas académicas de Investigación,
Extensión y Docencia.
Consideramos además que una de las metas de la próxima etapa
consistirá en consolidar y democratizar todos los ámbitos de decisión
colegiados. Por ello, además de las reuniones periódicas entre los consejos de
carrera con el consejo directivo, propiciaremos la elección directa de los
coordinadores de carrera y la representación igualitaria de todos los claustros
en dichos consejos.
La complejidad inherente a nuestra facultad que forma docentes y
licenciados, en el campo de las ciencias sociales, de las artes y las
humanidades, tendría que constituirse en plus a nuestro favor, donde el debate
imprescindible entre quienes miramos el mundo desde distintas perspectivas,
multiplique las posibilidades de producción y formación de nuestros respectivos
campos de conocimiento.
Bajo ese marco general, es preciso redefinir la estructura
curricular de nuestras carreras. En ese sentido, proponemos constituir Áreas que
integren grupos de materias de una misma disciplina o de disciplinas afines. Ello
permitirá la conformación de equipos de cátedras en espacios que, de otra
manera, continuarían siendo cátedras unipersonales con pocos alumnos. Se
conformarán más equipos de cátedras con docentes no sólo dando clases, sino
investigando, formándose, efectuando tareas de extensión. Por ello es necesaria
la creación de un régimen de cargos y dedicaciones para la totalidad de los
docentes, sean ordinarios o interinos (esto significará la desaparición de
horas frente a alumnos, además del respeto al principio básico: a igual trabajo
igual salario). Evitándose, de esta manera, situaciones tales como un docente
con hs. dispersas en diferentes cátedras, sobrecargado de trabajo, sólo y a
cargo de cada una de las materias, etc.
Otra de las líneas prioritarias que representará para nosotros un
genuino desafío es la formación de centros de investigación que promuevan la
producción entre disciplinas a fines entorno a campos de conocimiento en común.
La larga tradición en nuestra Facultad en investigación educativa, creemos,
descubre en contraste nuestras debilidades en otros campos de investigación. En
este sentido pensamos que necesitamos imperiosamente una política activa que
promueva otras líneas de investigación y producción de conocimiento, a la vez
que el diálogo interdisciplinario sobre objetos comunes. Por ejemplo: Centro de
estudios culturales, Centro de estudios estéticos, Centro de estudios sobre
salud mental, etc. Creemos que sobre este punto tendremos que convocar a todos
los actores en unas jornadas instituciones que definan esos espacios de
vacancia y discutan sobre las líneas de investigación y extensión que resulta
necesario propiciar activamente, en las que discutamos o tratemos de responder,
por ejemplo a preguntas tales como ¿Qué saberes precisamos para el futuro?
¿Cuáles de estos saberes necesitamos para un futuro de felicidad común? ¿Qué
maestros, científicos y profesionales imaginamos que ese futuro necesita?
La conformación de nuevas Áreas y Centros de Investigación en
torno a espacios de investigación compartidos por diferentes disciplinas (por
ejemplo, lenguas clásicas compartidas por Filosofía, Lengua y Literatura,
italiano, etc.) propiciará y potenciará además una integración más fluida y el
trabajo disciplinar e interdisciplinar entre estudiantes, graduados y docentes
de las distintas carreas que forman nuestra facultad. Si a ello se le suma la
posibilidad de construir tramos optativos de materias, se brindaría al
estudiante la posibilidad de incursionar espacios académicos necesarios para su
formación pero que son compartidos o están fuera de su carrera. Si las
diferentes carreras ofrecen más tramos compartidos y optativos, la estructura
curricular será menos escolarizada, permitirá al alumno construir su propia
formación en diálogo con otras disciplinas y enriquecerse con aportes
específicos; significará para el docente un trabajo en equipo más fructífero y
en mejores condiciones y optimizará la disposición de docentes en la Facultad.
Operará, además, como un espacio de integración sistemática de alumnos y
graduados interesados en la continuidad de su formación.
Otro aspecto importante que queremos destacar como prioridad es la
continuidad de los Concursos Ordinarios. Para ello resulta ineludible que,
paralelamente, se propicie la Formación en Investigación y en Posgrado de
nuestros docentes. Pensamos que la necesidad de más y mejores concursos
requiere la puesta en marcha de políticas activas que procuren la inclusión de
aquellos docentes que por diferentes motivos no han tenido la posibilidad de
continuar su formación y, en este sentido, consideramos que la creación de
Áreas y Centros de investigación posibilitará el trabajo en equipo del que, en
última instancia, depende la excelencia académica.
En relación a la carrera de Psicología, que tiene entre sus
claustros a la mitad de los docentes y los estudiantes de la Facultad,
estimamos necesaria su autonomía administrativa y nos comprometemos en apoyar
la creación de una Facultad en el caso de que la comunidad de docentes,
graduados y estudiantes de la Carrera así lo demanden. En ese orden, la
potencial creación de la Facultad de Psicología requerirá de un trabajo
específico de promoción de la Investigación y Extensión en el campo de la salud
mental, sin el cual las posibilidades de su autonomía se reducen drásticamente.
Hemos insistido en el carácter expresivo que el término autonomía tiene
respecto de nuestras definiciones programáticas. Además de la feliz
coincidencia de estar presente en el nombre de nuestra casa de estudio, ha sido
una categoría central en nuestro espacio discursivo como actores políticos de
la Universidad. Muchos de los sentidos que le atribuimos en este documento han
sido producidos o actualizados en contextos específicos: cuando la continuidad
de la UADER se puso en entredicho por la acción de funcionarios estatales o de
delegados normalizadores que actuaban como interventores.
Asimismo, hablar de autonomía nos
permite reponer los principios reformistas que pasaron a estructurar la
universidad pública argentina a partir de la recuperación de la democracia en
1983. Sin embargo, exageraríamos sus bondades si dejáramos reposar sólo en la autonomía
la capacidad de resolver muchos de nuestros actuales problemas. En ese sentido,
apostamos, por un lado, a cambiar una cultura universitaria que mantiene a los
docentes absorbidos en sus cátedras, ampliando sus competencias a la de
ciudadanos capaces de mantener su civismo en relación con el conocimiento. Por
otro lado, propugnamos dentro de la comunidad universitaria los consensos
necesarios para impulsar las producciones científicas, que requieren tanto de
soportes materiales como de la colaboración entre los académicos. Será preciso,
para cumplir con estos propósitos, criticar duramente las lógicas binarias,
excluyentes y facciosas de amigo-enemigo, que formaron y forman parte de
nuestro conflictivo proceso de constitución como universidad.
Adherimos:
Anghinolfi , Natalia (Educación
Especial)
Almeida, María Eugenia (Educación Primaria)
Alonso, Fabiana (Historia)
Anunziato, Alberto Daniel
(Traductorado de Italiano)
Arbuet,
Camila (Filosofía)
Artucio,
Gustavo (Italiano)
Bisa,
Ramiro (Semiótica, Ciclo Básico Introductorio)
Cabrol, Gloria (Lengua y Literatura)
De Zan, María Eugenia: (Semiótica,
Tronco Común- Paraná y C. del Uruguay)
Del Prado, Leonel (Teoría Social y del
Estado, Concordia)
Dumé,
Diego (Licenciatura en Ciencias Sociales)
Fraiman, Juan (Epistemología, Tronco
Común; Ciencias Sociales)
Galliusi, Teresita (Ciencias Sociales)
Geniz, Mariana (Ciencias Sociales)
Gibbons, Silvina (Teoría Social y del Estado, Trayecto Común)
Godoy, Daniela María (Ciencias Sociales)
Gómez, Julián (Epistemología, TS y del Estado, Ciencias Sociales)
González Lowy, Ignacio (Profesorado en Lengua y Literatura)
Lambruschini, Gustavo (Filosofía,
Ciencias Sociales)
Lucher, Mariana (Profesorado de Teatro, Sede Gualeguaychú)
Marinoni, Betiana (Filosofía)
Matharan, Gabriel (Historia)
Miranda, Javier (Cátedra Sociología de
la Educación, Tray. pedagógico)
Musich, Walter (Artes Visuales)
Naput, Laura (Historia)
Ortiz, Ana (Antropología, Ciencias Sociales, Sede Paraná)
Pedelhez, Javier, ( Prof.de
Antropología Cultural, Lic. en Artes Visuales)
Piemonti, María Gabriela (Italiano)
Ré, Fernando, (Teoría Social y del Estado, Trayecto Común)
Raffin, Enrique (Semiótica, Ciclo Básico Introductorio)
Reviriego, María Estela (Lengua y Literatura)
Rigotti, Sebastián (Epistemología, Tronco Común, Sede Paraná)
Rivas, Hugo Luis (Ciencias Sociales)
Román, Sebastián (Semiótica, Tronco Común, Sede Paraná)
Spada, María Fernanda (Semiótica, C.B. Introductorio, Sede Uruguay)
Strada, Vilma (Educación Especial)
Velázquez, Darío (Historia)
[i]
Risieri Frondisi: “La Universidad en un mundo de tensiones”, EUDEBA, Buenos
Aires, 1971.
[ii]
“Un orden que se apoye en la simple obediencia carece en ella totalmente de
sentido. La labor de investigación científica, de creación científica, de
creación humanística, de enseñanza de cualquiera de las disciplinas, no se basa
ni en la obediencia ni en el orden externo. La discrepancia, la duda, la
insatisfacción, el espíritu crítico, dan nuevo vigor a la labor científica. La
creación artística y humanística suponen la ruptura de lo aceptado, de las
formas admitidas, del orden establecido. A su vez, la enseñanza no se puede
basar en la obediencia sino en el respeto interior, profundo. La autoridad por
sí misma no tiene valor pedagógico”. Risieri Frondisi, óp. Cit.
[iii]
Esta expresión de Del Mazo aparece por primera vez en documento titulado
“Gratuidad de la Enseñanza Superior” presentado Del Mazo y Ardigó – delegados
de la Federación Universitaria de Buenos Aires al primer congreso de
estudiantes en julio de 1918.
[iv]
Dicen: “...una vez integrada la universidad por todos sus elementos y
garantizada la participación de éstos en su gobierno, la ley puede abandonarle
la orientación de la enseñanza y la dirección de la labor científica nacional.
(...) Es de la esencia de una república democrática que, cuando su gobierno
esté organizado de acuerdo al sistema representativo, participen todos sus
ciudadanos en la elección de las autoridades. Considera la comisión que la ley
debe sancionar este principio (...) Pero piensa que si la ley ha de mantener la
amplitud del concepto que permita, dentro de su vigencia, los ensayos sucesivos
que pudieran ser necesarios por el fracaso en la aplicación de alguno de ellos,
o las modificaciones graduales que fueran sugeridas por el desarrollo de la
vida universitaria, no debe prescribir modos especiales de elección ni
determinada proporcionalidad de sus integrantes” Primer Congreso Nacional de
Estudiantes Universitarios (Córdoba, julio de 1918), “La Universidad y sus tres
estados- Discusión (Versión Taquigráfica); en : del Mazo, Gabriel (comp.), “La
Reforma Universitaria”, Tomo I, Centro de Estudiantes de Ingeniería , La Plata,
1941, pp. 69 a 74.